Soy un amante de rafting. Suele ser una de las primeras cosas que averiguo cuando decido viajar a un lugar. Hasta ahora había tenido la posibilidad de experimentar este deporte en el impactante río Kaituna de Nueva Zelanda, en el hermoso río Pacuare que atraviesa la selva tropical costarricense, y en el río Juramento de Salta. Bastante poco para aquellos que se dedican a esto, pero aceptable para un aficionado como yo. Dicho esto se podrán imaginar qué fue lo primero que me atrajo cuando decidí viajar a Mendoza. Así que recién llegado a la provincia del buen vino me encargue de conocer todas las opciones. Lo primero que hice fue pedirles información a los chicos de Campo Base Hostel. Me dijeron que, si lo que yo buscaba era dificultad, el río Mendoza era la mejor opción. Y como lo que a mi me gusta de esta actividad es la adrenalina, opté por intentarlo en este río que es de clase III/IV (moderado/difícil). Finalmente me decidí por el rafting de día completo que va desde Cerro Negro hasta Potrerillos. Toma aproximadamente 4 horas recorrer el tramo de 30 kms de este río, así que salí bien temprano desde el hostel y me dirigí junto con mis compañeros de aventura hacía el lugar de la partida. En la breve parada en la base me dieron todo el equipo que íbamos a necesitar: chaqueta, chaleco salvavidas, pantalones impermeables y calzado de neoprene. Ya estaba listo para remar entre los rápidos. A orillas del río escuchamos la charla de seguridad donde nos contaron todo lo que necesitábamos saber para disfrutar del día sin preocuparnos por el riesgo. Una vez terminada la charla subimos a los botes. Se formaron 3 grupos, cada uno acompañado por un guía. A mi me toco viajar en la primera balsa, así que sin más preámbulos, remo en mano, arrancó mi encuentro con las aguas mendocinas. En un primer momento todo era tranquilidad, se escuchaba el suave deslizar de los remos por el agua y yo me dedicaba a mirar y disfrutar el paisaje de montañas que me rodeaba. Pero para mi alegría el silencio y la tranquilidad de las aguas terminó abruptamente con la entrada a los primeros rápidos del río. Y el sacudón inicial no se hizo esperar, casi tirándome de la balsa si no fuera porque mis pies estaban bien afirmados bajo los asientos. Fue una linda sensación y me recordó porque me gusta tanto este deporte de adrenalina pura.

A partir de allí los rápidos se alternaban con partes serenas donde el guía contaba alguna historia divertida sobre rafting, algo sobre la cultura del lugar o la razón del nombre de esa sección del río. Después de casi dos horas de navegar río abajo hicimos una parada para almorzar. Una mesa con una gran variedad de fiambres, frutas y jugos nos esperaban en la orilla del río Mendoza. Así que con la panza llena embarcamos nuevamente para seguir avanzando hasta el final de nuestro recorrido. Según las palabras del guía, el segundo tramo tenía mucha acción con varias cascadas y rápidos grandes. Y tenía razón, ya que en uno de los primeros rápidos la fuerza del agua hizo que me cayera del bote. Tras una fuerte curva del río, chocamos contra una enorme piedra que puso la balsa de costado y sin tener tiempo siquiera a reaccionar ya estaba flotando sobre las aguas. Simplemente seguí las instrucciones que nos habían dado al principio y me deje llevar con los pies hacía adelante hasta que el kayak de seguridad que nos acompañaba me vino a buscar. Luego de que el kayakista me devolvió a la balsa y tras las bromas de mis compañeros y seguimos nuestra marcha. Después de otra serie de rápidos muy divertidos me di cuenta de que estábamos llegando al fin. En cada uno de los minutos finales disfruté enormemente de las olas que me pegaban en la cara mientras remaba, al igual que las sacudidas que el agua le daba a nuestra balsa. Nuevamente se empezaba a escuchar el silencio mientras el río era cada vez más ancho y las aguas más tranquilas. Lamentablemente mi día de rafting había terminado. Luego de una reconfortante ducha y mientras caminaba hacía la camioneta que nos iba a llevar de regreso al hostel, me di cuenta que tenía la misma sensación que tengo cada vez que termino un rafting: Esto es espectacular pero voy a tener que volver. No había sido suficiente, nunca lo es. Texto: Gonzalo Pardo Fotografía: Esteban Widnicky